Nuestra Historia

La historia comienza en 1924 cuando Jules Steverlynck zarpo de Bélgica  para Argentina acompañado por su hermano Charles con la intención de  cobrar una transacción comercial impaga. Los hermanos Steverlynck se enamoraron de este nuevo mundo e inmediatamente decidieron probar suerte en el hemisferio sur. Siguiendo con la tradición familiar instalaron una planta textil en menos de un año.

El primer establecimiento pronto probo no ser adecuado para el rápido crecimiento del negocio y Jules se aventuró al “lejano oeste” en la provincia de Buenos Aires, donde encontró un molino abandonado a orillas del río Lujan. Don Julio descubrió que esta escena era la indicada para sus planes, que sobrepasaron cualquier expectativa estrictamente industrial y económica. La visión de Don Julio era desarrollar una comunidad en donde los valores católicos de reforma social podrían convertirse en realidad. También Marie Alice estaba totalmente comprometida a la visión de su marido, y con el tiempo, el bienestar espiritual y físico de los trabajadores y sus familias se convirtió en su misión personal.  El área escasamente poblada de Jáuregui era la tierra ideal para que florezca este sueño porque permitía que crezca una nueva ciudad basada en las necesidades de los trabajadores y las actividades de la planta textil.

 

El proyecto de Don Julio y su mujer fue un gran éxito. Flandria creció rápidamente durante los primeros 20 años, el empleo subió de 200 a 1.800 trabajadores. La prometedora ciudad que crecía alrededor de la planta se conoció como Villa Flandria, en honor a la tierra patria de Flander Steverlynck. El crecimiento, la prosperidad y la armonía de la que gozaban los habitantes de la ciudad no era más que el resultado de las iniciativas sociales implementadas por la Algodonera Flandria. Estas iniciativas eran únicas y avanzadas para Argentina, incluían: préstamos sin intereses, beneficios para la adquisición de materiales de construcción así los trabajadores podían construir sus propias casas, los salarios más altos de la industria, jornadas laborales de 8 horas (10 años antes de que se establezca por ley), licencia por matrimonio y maternidad entre otras. En esencia, Don Julio puso en práctica dos encíclicas católicas que son consideradas la base de la Democracia Cristiana: Rerum Novarum (escrita por el Papa Leon XIII en 1891) es una carta abierta que trata sobre las condiciones de la clase obrera sosteniendo los derechos a formar uniones, pero rechazando el socialismo y afirmando los derechos a la propiedad privada y Quedragesimo Anno (escirita por el Papa Pio XI ) escrita como respuesta a la Gran Depresión de 1930, en la que Pio XI llama a los establecimientos de orden social a que se basen el principio de subsidiaridad. Hasta el día de hoy Villa Flandria es considerada un gran ejemplo de lo que con los años se conoció como “Paternalismo Industrial”, el modelo socio-económico que surgió de la implementación de estas dos encíclicas en la Argentina.

Algodonera Flandria también se hizo cargo de todas las necesidades básicas de los habientes de Villa Flandria, como la electricidad, salud, calles y mantenimiento e incluso entretenimiento. La filosofía de una vida sana y equilibrada para todos que sostenía Don Julio se ve plasmada en  los establecimientos sociales e instituciones deportivas que permanecen completamente funcionales hasta el día de hoy. Como por ejemplo el club de remo “El Timón”, la pista de ciclismo, la banda musical “Rerum Novarum” y el club de futbol “Flandria”, todos creados y financiados por Don Julio y Marie Alice. Siendo la prioridad número uno de la pareja el espiritualismo, construyeron tres iglesias en el área, las cuales fueron el centro de muchas actividades sociales de Villa Flandria.

Estos enormes logros fueron alcanzados en similar medida dentro de la casa de los Steverlynck: para fines de 1944 Don Julio y su mujer tenían dieciséis hijos. Su vida familiar era paralela a aquella de la Algodonera, con la construcción de Santa Elena, un hogar que retrataba, tanto en belleza natural como en arquitectura, el amor y la devoción de esta pareja por sus hijos y la tierra que habían elegido para asentar cabeza.

Para los principios de los sesentas Villa Flandria se había convertido en una especie de mito viviente, inspirando intereses de muchas fuentes de diversos niveles, tanto en Argentina como en el resto del mundo. El trabajo y los logros de la familia Steverlynck captaron la atención del rey de Bélgica, tanto que en 1965 Santa Elena fue honrada con la visita de Su Majestad Baudoin I y La Reina Fabiola, seguida por la visita del presidente argentino Arturo Illia y muchas otras personalidades internacionalmente respetadas.

En 1966 la familia Steverlynck sufrió una de sus más grandes tragedias cuando la vida Marie Alice llego a su fin. La muerte de Marie Alice fue un gran choque, no solo para Don Julio y su familia, sino que para toda la Villa Flandria, a la cual Marie Alice le había dedicado su vida ocupándose de todos los temas que concernían a la comunidad.

Durante los 10 años siguientes Don Julio continúo trabajando con la ayuda de dos de sus hijos y sus colaboradores de toda la vida. La empresa continuó bien en cuanto a lo económico, aunque nunca pudo alcanzar los logros de los cuarentas y cincuentas. En noviembre de 1975 con 80 años Don Julio falleció. Su muerte marco la segunda crisis fuerte de la comunidad de Villa Flandria, cuyos habitantes atendieron en masas las celebraciones fúnebres.

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